El derecho registral y el derecho notarial: Un punto de vista desde mi formación profesional y la ética del abogado.
17 de Junio del 2026 Por Licda. Eunice Jiménez FernándezCuando decidí estudiar Derecho, sabía a lo que me estaba preparando: a una profesión que exige no sólo conocimientos jurídicos sino también un profundo sentido de responsabilidad hacia las personas y hacia la sociedad.
Generales
Conforme fui avanzando en mis estudios académicos y profesionales, y muy especialmente en el estudio del Derecho Notarial y Registral, fui comprendiendo que estas materias son mucho más que procedimientos, documentos o inscripciones, sino verdaderos instrumentos de seguridad jurídica y confianza social.
Como abogada y estudiante de la especialidad en Derecho Notarial, he podido valorar la importancia que tiene la función notarial y registral dentro de nuestro ordenamiento jurídico.
Esta experiencia me ha enseñado a comprender que cada acto autorizado por un notario, cada documento inscrito en un registro público, pueden producir efectos capaces de acompañar a las personas por gran parte de su vida. Hay ocasiones en que la ciudadanía considera que la labor del notario se reduce a una mera formalidad indispensable para llevar a cabo una compraventa, un poder o la formalización de un contrato. Sin embargo, cada actuación está precedida de un proceso de asesoramiento, de análisis jurídico y de verificación de legalidad que pretende asegurar que los derechos de las personas estén adecuadamente protegidos. El notario es un profesional imparcial que asesora a las partes y trata de prevenir conflictos futuros mediante la correcta instrumentación de los actos jurídicos.
El Derecho Registral desempeña un papel complementario y esencial. Ante los registros públicos se adquieren los derechos de publicidad, de seguridad y de oponibilidad. Los ciudadanos pueden estar seguros gracias a ellos de la situación jurídica de los bienes y de los diversos actos que necesitan publicidad registral para producir efectos frente a terceros. Sin esta función, muchas de las relaciones jurídicas cotidianas estarían expuestas a la incertidumbre y al riesgo. Cuanto más profundizo en estos temas, más convencida estoy de que el Derecho Notarial y Registral es una de las más importantes expresiones de seguridad jurídica en un Estado de Derecho.No se trata solamente de cumplir con los requisitos legales, sino de dar tranquilidad a las personas, de proteger su patrimonio y de garantizar que los actos jurídicos produzcan los efectos que legítimamente esperan quienes intervienen en ellos. Sin embargo, el estudio de estas disciplinas me ha llevado a reflexionar, también, sobre un punto que me parece todavía más importante: la ética profesional. Con frecuencia se afirma que un buen abogado es aquel que domina leyes, jurisprudencia y procedimientos. Esto es indispensable, pero creo que el verdadero valor de un profesional del Derecho se mide en la forma en que se sirve de ese conocimiento. El notario está obligado a una conducta ética especialmente rigurosa.
El Estado confía al notario, a la fe pública, la facultad de dar certeza y autenticidad a ciertos actos jurídicos. Esta confianza conlleva una gran responsabilidad, ya que cualquier actuación negligente, imprudente o deshonesta puede afectar derechos fundamentales de las personas y debilitar la credibilidad de la institución notarial. La ética profesional se expresa en decisiones cotidianas, muchas de las cuales pasan inadvertidas: comprobar debidamente la identidad de los comparecientes, actuar con independencia e imparcialidad, negarse a autorizar actos contrarios a la ley, guardar la confidencialidad de la información y dar un asesoramiento honesto, aunque esto suponga perder una oportunidad económica. Son, precisamente, esas conductas las que marcan la diferencia entre un profesional comprometido con los principios que sustentan la función jurídica.
Pienso que la ética no puede entenderse solamente como un código de normas de conducta u obligación de los colegios profesionales. Tiene que ser una convicción personal que siempre le asista en el ejercicio de su profesión. En un momento en que la sociedad exige cada vez más transparencia y responsabilidad, nosotros, como profesionales del Derecho, estamos obligados a dar ejemplo de integridad y de respeto por la legalidad. A mi parecer, la confianza es uno de los bienes más preciados que puede tener un abogado o un notario. Los clientes nos confían asuntos que les afectan el patrimonio, la familia y en muchos casos el proyecto de vida. La confianza no se gana sólo con títulos académicos o conocimientos técnicos, sino con una conducta ética, constante y coherente.
El Derecho Registral y Notarial ha tenido una gran influencia en mi formación profesional ya que me ha hecho comprender la importancia que tiene la seguridad jurídica, la prevención de conflictos y la protección de los derechos de las personas. También, me ha llevado a reflexionar sobre la trascendencia de la ética como base indispensable del ejercicio profesional. Hoy estoy convencida de que el conocimiento jurídico y la ética deben caminar juntos, pues sólo así podremos ejercer el Derecho con responsabilidad, dignidad y verdadero compromiso con la sociedad a la que servimos. Más allá de la autorización de escrituras o la gestión de las inscripciones registrales, el desafío de quienes practicamos estas disciplinas es estar a la altura de la confianza que los ciudadanos depositan en nosotros y aportar, con nuestro trabajo cotidiano, al fortalecimiento de la seguridad jurídica y del Estado de Derecho.
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Licda. Eunice Jiménez Fernández comunicacion@uisil.ac.cr Abogada y estudiante de la Especialidad en Derecho Notarial |